El Cañón del Sil es una garganta de origen tectónico que a lo largo de 35 Km. ejerce de frontera natural entre Lugo y Ourense. A través de él el rio Sil transcurre entre fracturas de enormes bloques graníticos que la eroxión fluvial y la mano del hombre se han encargado de transformar en un mosaico paisajístico.
En algunos tramos las laderas han sido esculpidas para la construcción de bancales que permiten el aprovechamiento agrícola, sobre todo para viñedos, en otros los grandes desniveles permanecen cubiertos por una densa vegetación o forman paredes casi verticales de roca desnuda, con alturas superiores a 500 metros.
La abundancia de vistas espectaculares ha propiciado la popularidad de numerosos miradores, tanto naturales como construidos especialmente en sitios estratégicos, que permiten observar el encajonado cauce del rio Sil desde las más variadas perspectivas.
En los últimos años el propio rio se ha convertido en mirador gracias al establecimiento de varias rutas fluviales en barco, que aprovechan los grandes embalses navegables para ofrecer una perspectiva interior del cañón hasta hace poco inaccesible para la mayoría.
La flora del Cañón del Sil y sus alrededores está condicionada por la coexistencia de dos tipos de clima, por un lado, en las mesetas que flanquean el cañón predomina el clima atlántico-continental típico del interior de Galicia, con espesos bosques de castaños, robles y pinos, mientras que su interior goza de un microclima mediterraneo que permite el desarrollo de especies impropias de estas latitudes como los alcornoques, encinas, madroños, naranjos, lavandas, sauces, mimosas e incluso olivos y avellanos que pueblan sus laderas y la orilla del rio.
La fauna tambien se beneficia de estas peculiares condiciones climáticas y de la inaccesibilidad del terreno. Esta es una tierra de lobos, corzos, jabalies, jinetas, gatos monteses, garduñas, nutrias, martines pescadores, conejos, aunque algunas de las especies aquí mencionadas hayan visto disminuir su población en los últimos años.
Las escarpadas paredes del Cañón del Sil y los bosques adyacentes constituyen un lugar ideal para el anidamiento de muchas aves rapaces, como el cárabo, la lechuza, el halcón peregrino, el buho real, el azor y varias especies de águilas, pero destaca la presencia de milanos negros y águila real. Esta última especie mantenía una población bastante importante hasta hace algunos años, que atraía a los curiosos a contemplar sus espectaculares paradas nupciales desde los miradores del cañón, pero hoy ha desaparecido casi completamente, según algunos por la presión del turismo.
Algunas especies de aves migratorias como la garza real y varias clases de patos aprovechan el benigno microclima del interior del cañón del Sil para pasar el invierno.
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